Nunca imaginé que terminaría trabajando en la industria para adultos. Crecí en un pequeño pueblo de Florida, donde lo más emocionante que podía hacer era escaparme al cine los fines de semana. Durante la universidad, estudié psicología, pero siempre sentí que me faltaba algo. Un verano, una amiga me invitó a una sesión de fotos artísticas en Miami. El fotógrafo notó que me sentía cómoda frente al lente y me sugirió probar suerte en el modelaje erótico. Al principio dudé, pero la curiosidad pudo más. Esa primera experiencia cambió mi forma de ver mi propio cuerpo y mi sexualidad.
No fue hasta cumplir veintiún años que decidí dar el paso. Me contactó una agencia especializada y me propusieron una escena de prueba con una productora conocida. Recuerdo que estaba muy nerviosa, pero el equipo fue profesional y me hicieron sentir segura. Mi primera escena oficial fue para una serie de temática universitaria; interpretaba a una estudiante tímida que descubría su lado más atrevido. Aunque al principio me costaba separar mi vida personal del personaje, con el tiempo aprendí a establecer límites claros. El apoyo de otros actores y actrices fue fundamental para entender que esto era un trabajo como cualquier otro, solo que más expuesto.
Uno de los rodajes que más recuerdo fue una producción en Los Ángeles, donde trabajé con una directora que priorizaba el consentimiento y la comunicación constante. Durante esa semana, grabamos escenas que requerían mucha improvisación, y eso me permitió explorar facetas de mí misma que desconocía. También tuve la oportunidad de viajar a Europa para rodar con una compañía española; la diferencia cultural en la forma de dirigir me abrió los ojos a otras perspectivas. Sin embargo, no todo ha sido glamour. He enfrentado críticas y estigmas, sobre todo de familiares que no aceptaban mi elección profesional. Con el tiempo entendí que mi felicidad no dependía de la aprobación de los demás.
Después de varios años en la industria, he aprendido a valorar mi salud mental por encima de todo. Tomo pausas cuando siento que el ritmo me agobia y busco proyectos que realmente me apasionen. También me he involucrado en charlas sobre derechos laborales en el sector, porque creo que es necesario que haya más transparencia y respeto. Hoy en día, combino mi trabajo frente a la cámara con la creación de contenido propio, donde puedo decidir qué compartir y cómo hacerlo. Mi experiencia me ha enseñado que la autenticidad es lo único que realmente conecta con las personas, y que está bien cambiar de opinión o de rumbo si el camino deja de hacerte feliz.